No entiendo nada de tenis y vi a Argentina campeón
Foto: AFP
Yo de tenis no entiendo nada, pero por algunas casualidades pude estar en el lugar y en el momento justo para vivir uno de los logros mƔs importantes para el deporte nacional.
Todo empezó hace unos dĆas cuando en un pueblo de Montenegro un viajero argentino de 67 aƱos nos dijo que estaban rematando las entradas para la Davis en una pĆ”gina europea. TenĆamos pensado cerrar nuestra gira balcĆ”nica cerca de Zagreb y Augusto puso todo para que la balanza se incline hacia la ensaladera.
- No entiendo nada de tenis, andĆ” vos solo- le dije sincera.
- No, vos tenés que venir porque es importante para mà y porque la vamos a ganar- retrucó él, sin imaginar que iba a tener razón.
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Gracias a internet y a Augusto que es periodista deportivo me fui interiorizando en esta Copa Davis (llamada asĆ por el apellido de su creador); que tiene mĆ”s de 100 aƱos y que Argentina nunca habĆa ganado. Es mĆ”s, nuestro paĆs fue el que mĆ”s finales necesitó jugar para ganar por primera vez este “Mundial de Tenis”. Por destino del sorteo en 2016 tuvimos mala suerte y no jugamos ni una sola serie de local, aun asĆ ganamos las cuatro.
La final se disputaba en la capital de Croacia en donde la –mal llamada- Ensaladera de plata esperarĆa a su nuevo dueƱo. En realidad el trofeo fue construido basĆ”ndose en una ponchera, pero el apodo de la ensalada hace aƱos que se apoderó de la copa.
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En Zagreb habĆa cuatro mil argentinos.
Esa oración de seis palabras significa mucho mĆ”s de lo que se cree: gente tomando mate por las calles, la palabra che flotando traviesa en los tranvĆas, banderas celestes y blancas colgando de los edificios y tonadas de cada región, solo identificables por nosotros.
DĆA UNO
El estadio Arena Zagreb queda en las afueras de la capital, hay que tomar un tranvĆa, cruzar el RĆo Sava y despuĆ©s caminar unos 10 minutos. En ese trayecto vimos unas nenas de 7 u 8 aƱos jugando en el patio de su escuela y aunque no llevĆ”bamos banderas ni gorros nos empezaron a mirar y a gritar: ¡Hrvatska! ¡Hrvatska! Que es “Croacia” en croata. Nosotros le seguimos el juego con un ¡Argentina! ¡Argentina! Y eso las enloqueció. DespuĆ©s nos corrieron y gritaron mĆ”s cosas que no somos capaces de traducir.
El primer dĆa el estadio no estaba lleno, probablemente porque era viernes a las 14 horas y muchos croatas aĆŗn estarĆan trabajando. Me llamó la atención lo grande y hermoso que era y tambiĆ©n las luces. Como en un casino o un bingo todo estaba iluminado para que te olvides de la hora, del dĆa, de todo lo que puedas. 15 mil personas entran en el Arena y de los 4 mil argentinos que habĆa, la mitad volaron desde SudamĆ©rica y la otra mitad desde distintos puntos de Europa.
En los pasillos habĆa publicidades de los eventos próximos, Britney Spears, Justin Bieber y un tal Dino Merlin. TambiĆ©n habĆa puestos donde vendĆan medio litro de cerveza tirada y sanguches de jamón, queso y pepino; cada cosa a 20 kunas croatas (2,65 euros o 43 pesos argentinos). Me pareció barato para ser un estadio y para una final de un deporte tan elitista como el tenis. No fui la Ćŗnica que lo notó porque antes de que empiece el segundo punto de la serie (Del Potro – Karlovic) ya habĆa algĆŗn que otro borracho.
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DespuĆ©s de dos partidos y mĆ”s de nueve horas salimos del estadio como abombados. HabĆa sido un curso intensivo de tenis para mĆ y sentĆa el cuerpo casi como si hubiera jugado. Caminando al lado nuestro iba un chico vestido de “Papa” que se sacaba fotos con todo el que le pedĆa y hasta bendecĆa camisetas con una seriedad digna de su papel. “Ćl probablemente estĆ” mĆ”s cansado que yo” pensĆ©.
DĆA 2
El sĆ”bado a la maƱana una pareja de croatas se estaban sacando las fotos de su casamiento frente a la iglesia de San Marcos, la mĆ”s importante de la ciudad. Unos cien argentinos que estaban visitando ese barrio los vieron llegar en un auto antiguo. Los rodearon, los aplaudieron y los siguieron hasta la iglesia al ritmo de “que se besen, que se besen”. Uno, gritó: “no nos entienden” y se atrevió con un tĆmido “Kiss” y bastó ese valiente para que los otros lo siguieran al unĆsono hasta conseguir el preciado beso. Un pelado se animó a mĆ”s y pidió selfie con los reciĆ©n casados.
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El free tour de la ciudad de Zagreb se hace todos los dĆas a las 11 de la maƱana en inglĆ©s, es gratis pero lo que corresponde es dejarle una propina al guĆa acorde a la valoración de su laburo. Ese sĆ”bado mĆ”s de 60 argentinos hicimos juntos ese paseo caminado por los puntos icónicos de Zagreb. Ni bien llegamos me pareció conocer a uno de los chicos que caminaba cerca de nosotros. SabĆa que lo tenĆa de algĆŗn lado y me acerquĆ© y sin rodeos le dije:
- Hola te conozco pero no sĆ© quiĆ©n sos. ¿Sos de La Plata?
- Hola! Soy Franco. Soy rosarino pero tengo un amigo de La Plata: Xava.
A Franco lo conocimos hace dos meses en una fiesta cumbiera de argentinos en Cracovia a la que fuimos invitados por Xava. Y me acordaba especialmente de Ć©l porque con otros 4 argentinos hicieron mil kilómetros en un dĆa desde Polonia hasta Alemania para llenar un baĆŗl de fernet porque alguien les tiró el dato de que estaba a mitad de precio.
Esta vez la hazaƱa habĆa sido venir en auto 900 kilómetros de Cracovia a Zagreb.
- ¿Y el fernet?- le preguntĆ©
- Obvio que lo trajimos para festejar- remató sonriendo.
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El partido de dobles duró poco y gustó menos. Me colguĆ© mirando a un grupo de pibes que para alentar a Mayer habĆan entrado al estadio con cuatro yacarĆ©s gigantes de esos para nadar en la pileta. ¿QuĆ© entenderĆan los croatas de esos inflables verdes en el medio de la tribuna?¬
Por primera vez la fila interminable en el baƱo no estaba del lado de las mujeres sino en el de los hombres. QuĆ© pequeƱo placer. Cuando entrĆ© vi que habĆa cola, pero en el espejo. Neceser con maquillaje, cepillos, hebillas y perfume, las mujeres de los dos bandos se producĆan como para salir a bailar. La ecuación era fĆ”cil: cuanto mĆ”s le dedicaban a su look mĆ”s chance tenĆan de salir en las pantallas gigantes del Arena Zagreb y quien te dice en la televisión de cada paĆs.
La receta de los hombres era otra: muchos argentinos tenĆan la camiseta de su equipo de fĆŗtbol que resaltaba entre una marea celeste y blanca y los croatas optaban por unas manos de tela enormes pintadas con el escudo de su bandera.
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A la salida del estadio nos cruzamos con dos primas marplatenses de 76 y 78 aƱos. Las habĆamos conocido unos dĆas atrĆ”s tomando una cerveza y nos habĆan contado de su pasión por el tenis.
- EstĆ” difĆcil Marta, maƱana es a todo o nada- le dijo Augusto a la mĆ”s joven
- Querido – respondió ella y encendió un cigarrillo – nadie confĆa en este equipo, pero yo sĆ© que este aƱo la ensaladera es nuestra.
Marta soltó esa frase como una profecĆa mientras el humo de su primera pitada se confundĆa con la niebla de la noche que no llegaba a marcar ni un solo grado centĆgrado.
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La gente volvió desganada en el tranvĆa. Y como no podĆa ser de otra manera hicieron uso de uno de los ¿dones? del ser argentino: opinologĆa. “Lo que pasa es que estaban cansados”; “el problema es que hace aƱos que no tenemos un buen doblista”; “vos viste como se cruzaba ese enano Dodig en la red, era un demonio” y demases comentarios encendidos que se iban apagando en la frĆa noche europea.
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- Yo me voy a pedir esto porque es lo mÔs parecido a un asado- Dijo Karim, un porteño de 21 años que estÔ estudiando en Varsovia y se tomó 3 colectivos y cruzó 4 fronteras para llegar a Croacia.
Lo que pretendĆa comer es el tĆpico Cevapi, una mezcla de carne picada con forma de choricito que viene con pan y cebolla y es muy popular en los Balcanes. Como nuestros horarios y los croatas no son compatibles la cocina estaba cerrada y nos conformamos con una pizza.
En la cena me transformĆ© en Susana arbitrando un improvisado “Imbatible” mientras Augusto y Karim jugaban a adivinar los diez saques mĆ”s rĆ”pidos de la historia del tenis. Ninguno acertó el nĆŗmero uno: el desconocido Samuel Groth que en el 2012, en Corea del Sur sacó a 263 km/h. Una bestia.
DĆA 3
Yo de tenis no entiendo nada. Por suerte mis viejos me enseñaron varias cosas de la vida que pude aplicar en los 992 minutos netos de tenis profesional que me tocó presenciar.
1. TratƔ a la gente como querƩs que te traten. Esto lo traduje en: no abuchear el primer saque del otro si lo erra, porque si lo hacƩs ellos harƔn lo mismo cuando erre el nuestro.
2. No seas ansiosa y esperĆ” a ver cómo se desarrollan las cosas. Esto serĆa tenĆsticamente hablando: no gritĆ©s out porque confunde y no suma.
3. No estĆ” muerto quien pelea. No hace falta que hable del partido de Del Potro- Cilic porque todos sabrĆan donde encaja la enseƱanza.
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Los hinchas croatas y los argentinos estĆ”bamos mezclados y no fue para nada un problema. Cada uno hinchaba por su paĆs sin putear al otro. Se sentĆa un clima de profundo respeto y eso nunca lo habĆa visto, menos en una final.
Algunos argentinos estaban enojados porque entre game y game un animador y una banda salĆan a cantar canciones para alentar a Croacia. DecĆan que la Federación Internacional de Tenis no lo tendrĆa que haber permitido y que eso no ocurrió nunca en las finales de Davis. Otros acudĆan al folclore futbolero y gritaban: “ApagĆ” los parlantes croata”.
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- Del Potro es un estratega- Me dice Hugo, un señor de unos 80 años que fue a las cuatro finales anteriores que Argentina no ganó.
- ¿Por quĆ©?- pregunto y le miro los ojos llenos de cataratas.
- MirÔ lo que acaba de hacer, le preguntó a la nena alcanza pelotas si estaba bien y la acompañó afuera de la cancha. Todos lo aplaudimos y él tomó aire y encima quedó como un campeón- dice y mueve las manos haciendo el gesto de rezar.
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El partido de Del Potro fue un parto: 5 horas donde cada punto se festejaba o se lamentaba con el cuerpo. Me detuve en la gente, en las caras y los pelos, el tenis los estaba pasando por arriba. No habĆa forma de que se quedaran quietos, los mĆ”s osados salimos al baƱo y lamentamos no poder volver a entrar hasta el próximo cambio de lado.
En la Davis todos los partidos se juegan al mejor de 5 set y Del Potro iba 2 a 0 abajo y arrancó flojo el tercero que tenĆa que ganar sĆ o sĆ. Sin embargo, de a poco se empezó a encender una llamita de esperanza en la gente que se convencĆa con esta canción: “Ponga huevo la Argentina, ponga huevo y corazón; que esta hinchada se merece, se merece ser campeón”.
El tandilense empezó a concretar su epopeya y a mà no me quedaban uñas para comerme. La gente estaba desorbitada y Del Potro demostró que siempre hay una primera vez para dar vuelta un partido de 5 sets.
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Lo de Delbonis fue un trĆ”mite. Aunque, la verdad, los argentinos sabemos que la palabra trĆ”mite para describir algo sencillo y sin problemas no deberĆa ser parte de nuestro lenguaje coloquial. El azuleƱo salió a comerse crudo a Karlovic, una mole que con 2,11 metros saca a mĆ”s de 220 km/h. Algunos croatas se empezaron a levantar y a ir del estadio. La mayorĆa se quedaron y se la bancaron como duques. Abajo nuestro un tipo con la cara pintada cuadrillĆ© rojo y blanco se paró y le dio la mano felicitĆ”ndolo con fuerza al argentino que tenĆa al lado.
Maradona, exactamente enfrente nuestro, saltaba sacado revoleando una remera blanca y varios pensamos que se iba a caer. Pero Diego era un reflejo de lo que pasaba en nuestra tribuna: alrededor nuestro ya no habĆa un solo argentino sentado en la butaca.
La fiesta ya estaba declarada. El dale campeón se soltó de los brazos y de los abrazos. Hubo llanto, videos, corridas hacia abajo a ver lo mÔs de cerca posible a los héroes.
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El capitÔn Daniel Orsanic recibió la copa y dedicó el triunfo a todos los que integraron el equipo de Davis y también a todos los tenistas que juegan en Argentina. AdemÔs aseguró que la copa no era solamente un premio para el tenis sino para todo el deporte argentino.
Pienso en la cantidad de chicos y chicas que sufrieron con los partidos y que nunca tocaron una raqueta de tenis.
OjalƔ que el exitismo -del que a veces renegamos como argentinos- sirva para bancar mƔs proyectos que se sostengan en el tiempo y acerquen el tenis a los barrios.
Que no quede solo en la dedicatoria de Orsanic ese “triunfo del deporte nacional”; que trascienda el tenis para dar aliento a nuevas formas de organizar, enseƱar, pensar, financiar y hacer deporte en Argentina.
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¿Por quĆ© si no entiendo nada de tenis me emocionĆ© como si lo hubiese jugado toda la vida? ¿QuĆ© neurona o fibra controla la pasión o la emoción?
Ese “dale campeón” era mĆ”s bien una moraleja de cuento: el patito feo convirtiĆ©ndose en un hermoso cisne negro; un equipo sin ningĆŗn top 10, jugando de visitante y sin ser favorito que gana la copa del mundo del tenis.
No entiendo nada de tenis, pero me encanta cuando ganan los feos. Me conmueve.
Con el himno alentado llorĆ©. No por el himno en sĆ, sino porque despuĆ©s de ocho meses lejos de Argentina esos gritos desparejos con forma de letra O significaron mi casa, mis viejos y mis amigos.
Y que sean eternos los laureles.
MarĆa Pagola.
(Todas las fotos salvo la de portada fueron tomadas por Randevuses.)
