El paisaje nos devora


Crónica de tres días en el desierto del Sahara

El desierto del Sahara tiene más de 9 millones de kilómetros cuadrados de superficie, casi como toda China. Abarca 11 países del norte de África, y es por lo tanto el desierto más grande del mundo. En árabe Sahara significa desierto. 

  Para llegar al Sahara marroquí lo mejor es acercarse hasta los poblados de Risanni o Merzouga, la “puerta” del desierto, casi en la frontera con Argelia. Una vez allí hay que pelear el precio de un guía para la travesía. Es importante que dejen en claro con cuántas personas realizarán el tour, cómo serán los días y qué les incluye. Generalmente esta negociación se hace en unos hoteles llamados “Kasbah” que quedan frente a las imponentes dunas.

Nosotros tuvimos algunos problemas porque nos dijeron que estaba todo dentro del precio y a último momento nos enteramos que el agua no estaba incluida y la tuvimos que comprar porque obviamente una vez en el desierto ya no hay.


El desierto del desierto
A pesar del enojo por el agua y algunos contratiempos tuvimos mucha suerte: nuestro guía era tranquilo, bueno y macanudo. Nacido y criado entre la arena, Mohamed tiene 21 años y hace 4 que se dedica a llevar grupos a conocer el desierto. Habla un inglés modesto pero entendible y cocina como los dioses.
En el grupo estamos Augusto, Mohamed, yo y dos camellos de unos 12 o 13 años. Salimos del Kasbah y de a poco empezamos a avanzar hacia la masa naranja de viento. Nunca imaginé el viento cuando pensaba en el desierto. El panorama no es alentador, nos quedan dos horas más arriba de los camellos. Con ansiedad vamos lentamente a internarnos en la nada.



Cumbia berebere
Mohamed nos muestra el campamento y nos cocina un tajín de pollo riquísimo.  El tajín es un tipo de vasija de barro, donde se ponen como un volcán las verduras y carnes. Se hace a fuego lento y queda espectacular. En el campamento estamos solos los tres. La tormenta se hace más fuerte con la noche.
Después de comer Mohamed nos propone ir a un campamento cercano en el que unos amigos suyos están “haciendo música”. Salimos de las carpas con un frío que surca la cara. Bajamos una duna y luego tenemos que subir otra. Yo me caigo, me resbalo por el viento y me río con un poco de ganas de llorar.
Los amigos de Mohamed son guías de otros campamentos que se juntan a tocar los tambores y cantar canciones bereber. Como la mayoría fueron criados bajo el islam no tienen permitido tomar alcohol. Uno de los chicos prepara un té y dice: este es el whisky bereber y sonríe con los ojos.
No entendemos ninguna de las canciones que cantan pero aplaudimos y bailamos un poco. Nos piden una canción a nosotros y con Augusto cantamos “Vienes y te vas” y después empezamos a improvisar algo con las palabras Ricky Ricky Pom Pom. Esa última les encanta y los 6 guías que están ahí nos imitan y sale una hermosa cumbia bereber. 

Tormenta
Volvemos a nuestro campamento. La tormenta ya es seria. La arena vuela y aturde. Los ojos llenos, las orejas, la nariz. La boca escupe arena y la cabeza también.
Estamos acostados, vestidos y abrazados. Hace frío pero no tiemblo de frío, tiemblo de miedo. La carpa se mueve y se sacude insistente. Parece que la tormenta la quiere tirar. Tengo mucho mucho miedo de que la arena tape todo. Vi videos en YouTube, le digo a Augusto. No pasa nada, dice. Creo que en cualquier momento es el fin. La arena nos tapa y no podemos respirar. Fin.
Tiemblo. Me como las uñas. Viento.
No para un segundo de moverse la carpa. Sopla arena, tira arena. Creo que me voy a morir. Pienso que si me muero viajando y al lado de la persona que amo no está tan mal. Que no quiero, pero no está tan mal. Me entre-duermo. El viento me despierta y el ciclo empieza de nuevo. Tiemblo. Me como las uñas. Viento. Así y así hasta que la noche no dura más.

Los camellos que no son camellos
En Marruecos no hay un solo camello. La gente, nosotros, y todos dicen la palabra camello para referirse al dromedario. El camello tiene dos jorobas, el dromedario una sola.
-          El camello es pasión. Dice Mohamed y no entiendo.
Le pregunto de nuevo y lo reafirma: pasión. No veo la relación entre la pasión y ese animal desgarbado, poco elegante, cansino y con cara de despistado.
-          Solo duermen 20 minutos al día y lo pueden hacer mientras van caminando. Nos dice y yo pienso en mi hermano que dormía caminando cuando iba al jardín.
En invierno toman agua cada tres semanas y como tienen 3 cámaras en el estómago no necesitan comer todo el tiempo sino que comen una vez y luego lo regurgitan y lo van “dosificando” en cómodas cuotas.
-          ¿Cuánto sale un camello?- le pregunto a Mohamed
-          Mil euros más o menos.
Poseer uno de estos animales en Marruecos, significa estatus. Moha me dejó nombrar a mi dromedario porque carecía de apodo: “viejo bueno” le pusimos. Horas más tarde se complicó la cabalgata y el adjetivo de “bueno” quedó obsoleto.

El silencio
No, no es que no se escucha nada. Se escucha el silencio. Tan fuerte y claro que hace presión en el oído y en la oreja. Se siente como un casco invisible de silencio sobre la cabeza que obliga a pensar.
Enorme y lleno de silencio. El desierto.





“Pequeño musulmán”

Marruecos era, en un principio, tierra de los bereberes, una tribu con religión e idioma propio que en el siglo VII fue conquistada por el islam y comenzó a formar parte de los países árabes. Hoy en día conviven en el país los musulmanes con los bereberes, aunque el idioma oficial pasó a ser el árabe y la religión mayoritaria la musulmana. En verdad el término “bereber” fue importado de Europa para nombrar a las distintas tribus que conforman a los “Imazighen”, que significa “hombres libres”. En el norte de África, sobre todo en Argelia y Marruecos, todavía hay muchísimas personas que se autodenominan Imazighen.

Mohamed nació en Risanni, es de familia bereber, pero por cuestiones de educación y familia es un poco musulmán. Mohamed dice en inglés que él es “Little muslime”, que sería pequeño musulmán, pero nosotros entendemos que quiere decirnos “un poquito”. Me sorprende su inteligencia con el inglés, no tiene mucho vocabulario pero sabe cómo aprovechar las palaras que conoce. No sabe que “sad” es triste, pero usa “no happy”; no sabe que “cold” es frío pero usa “no hot”. Es un genio.
Nos cuenta que en la escuela le iba bastante bien. Nos habla de sus hermanas y su mamá que también son “poquito” musulmanas pero usan burka ( tela para tapar la cabeza y el cuello). Él las ve una vez por mes. Le preguntamos por el Ramadán en el desierto. Y si, la respuesta es obvia: muy duro. El ramadán es un período de ayuno de un mes, en el que los musulmanes no comen nada ni toman agua mientras haya sol. Generalmente coincide con el verano. En el desierto del Sahara puede hacer hasta 54 grados centígrados y el sol está ahí inamovible hasta las 9 o 10 de la noche. Y ellos trabajan sin tomar una gota de agua.

Mohamed dice que te cansa y te pone de mal humor. Que es difícil. A veces se levanta a las 3 am, antes del amanecer, para tomar agua y poder resistir el día. En las grandes ciudades la gente con dinero aprovecha el ramadán para dormir de día y vivir de noche. En el desierto es la temporada de mayor turismo, no se pueden dar ese lujo.
Mohamed prepara un té con mucha hierbabuena, que no es menta, y una cantidad industrial de azúcar, no es un mate pero está riquísimo. Un guía de un campamento cercano aparece en el momento del té y nos dice que está solo en su carpa con una chica chilena. Nos ponemos contentos. En este viaje largo cruzamos cuatro chilenas muy piolas viajando solas, pensamos que esta chica sería la quinta.
No fue el caso. No solo no se paró a saludarnos sino que le hizo un chiste poco feliz a Augusto por su nombre y nos trató mal.  Volvimos a nuestro campamento decepcionados. Le conté a Mohamed la situación, y le dije medio con señas que la chilena no nos había caído bien. Él se limitó a sonreír y miró hacia abajo. No me respondió.


Más tarde me explicó que el Corán dice que uno no puede hablar mal de otro si este no está. Que no es bueno, que hace daño. Y yo me sentí una bruja.

Los colores
Nunca pensé que la arena cambiaría tanto de color según las horas, según el viento. Al principio era naranja casi roja. Luego rosa. Después amarilla y las dunas se cortaban como cuando una cuchara entra en un flan y saca un buen pedazo.

El desierto no es todo de arena.
“Viejo Bueno” se desató y el camello que estaba conmigo se escapó, volviendo mi peor pesadilla de “perdida en el desierto” un poco más real y cercana. Mohamed lo pudo calmar y decidimos bajar de los animales y caminar. Un hombre nos dijo que los bereberes los montan distinto, como si fuera en cuclillas. Montar a un camello como un caballo, como los turistas, está mal. Duele, paspa y molesta durante y después.

Caminamos junto a Mohamed paso a paso. A veces hablando mucho de corrido y a veces en silencio sin explicar nada. Como con los amigos.
Nos sacamos las zapatillas. Es invierno y la arena no quema. Está tibia, suave, como un mate lavado. Cansa. A veces pisamos sobre superficies duras como si fuera un cemento pero el siguiente paso es hundirse de nuevo y la sensación de estabilidad se pierde en el silencio de la arena.
Vamos al desierto negro nos dice Mohamed y suena tenebroso. En verdad solo un 30% del Sahara son dunas, el resto es suelo árido y seco, y muy de vez en cuando un oasis que nada se parece a la imagen de las películas.
En el desierto negro están los nómades, allí nuestra segunda noche de campamento.


Nómades 
El “paquete” incluye una cena con una familia nómade. Hay una carpa para nosotros al lado de su casa. Ahí viven una mujer, un hombre y dos nenes chiquitos. Tienen cabras, unas 20.
Los vamos a saludar, a presentarnos. Les sonrío a la mujer y a los nenes. No me devuelven el gesto. Lo repito. Nada.
Soy –para ellos- una gringa, una turista más que juega a ver cómo viven los nómades y que se queja de tener arena hasta en el culo. Soy eso. Para mí también.
Mohamed me dice que no me saludan porque son muy tímidos, y porque no hablan nada más que dialecto bereber. No hay problema le digo, los entiendo.

Salir la luna
Mohamed nos dice que estemos atentos, que en cualquier momento “sale la luna”. Detrás de las montañas, unos minutos después aparece enorme y rugosa una luna llena plateada. La luna de este lado del mundo es distinta a la que vemos en Argentina le digo a Mohamed. Y como no me entiende le dibujo un ecuador simbólico en el aire y con la mano hago un círculo que es la luna. Como en un juego, voy a un lado y al otro y volteo la cabeza. Me entiende. Se ríe. La luna sale más. Es tan fuerte la luz que impide ver las estrellas. Ella es la dueña del desierto.

Hienas
Es de noche, solo hay una vela prendida y los tres estamos charlando en la jaima. La familia no volvió a acercarse a nosotros.
-          ¿A cuántas horas está Argelia? – pregunta Augusto
-          A unas cinco caminando, pero no se puede ir, es peligroso. Explica Mohamed y dice que del otro lado de la montaña que vemos, allá en el desierto negro de Argelia hay hienas.
Como su inglés (y el mío) no conoce la palabra “hiena” me lo explica con movimientos y poniendo cara de malo y riendo, claro, como una hiena.
Yo le digo que le tengo mucho miedo a las hienas desde que vi el Rey León, y le pregunto si a él también le pasaba, pero no me responde. Los siguientes 20 minutos intenté explicarle qué era El Rey León. No sabía. No creció bajo los tentáculos de Disney.

Ñoquis
Le mostramos fotos de nuestros viajes, le contamos de Italia, de España y él nos dice que le gustaría conocer ese “país viejo de historia”, después de la ayuda del traductor de Google descubrimos que era Grecia.
Le hablamos de Argentina, allá no hay dromedarios, decimos y tampoco tenemos cuscús, sus ojos se hacen más grandes, no lo puede creer. La charla deriva, zigzaguea, en países, comidas y viajes. Mohamed está particularmente interesado en que le expliquemos qué son los ñoquis con boloñesa. Intentamos con las manos y con el recuerdo latente en la boca de unos buenos ñoquis: expresarle lo fantástico de esas bolitas ingresando con tomate, carne y queso -sin discreción- en la boca. Él entiende que son papitas chiquititas hervidas. Nosotros reímos y asentimos.

De la nada al todo
Al principio parecía que todo era igual, arena y más allá arena. No hay ruidos, no hay pantallas, no hay personas. 
Pero… ¿No hay nada?
El tercer día, cuando nos íbamos, empezamos a diferenciar las huellas, de zorros, de ratones, de dromedarios y también se veían con nitidez la de los escarabajos azules.
Empezamos a entender como el tiempo en el desierto es otro y nuestras cabezas aceleradas tienen que bajar varios cambios para comprenderlo. Los estímulos están ahí, solo que son otros.
Es injusto decir que en el desierto no hay nada.
La naturaleza nos come, nos sobrepasa. El paisaje del Sahara nos devora y nos escupe más sabios, más detallistas y quizás un poquito más humanos.











· El Paisaje Nos Devora es el nombre del Taller de Literatura del Grupo La Grieta en La Plata, Argentina.

 

Randevuses en árabe escrito por Mohamed.










Un deseo: el mundo

Tengo 28 años y sigo pidiendo deseos. 
Es que la posibilidad  de pedir un deseo me parece algo maravilloso, entonces nunca la pierdo. 
Pedir un deseo no es solo pensar con ímpetu en algo que querés con mucha fuerza. Es también colocarte en un lugar del planeta, pensarte desde ahí y proyectar donde o qué cosas querés que te pasen en el futuro y eso es único.

Quizás sea cursi o pochoclero, pero creo que no voy a dejar de pedir deseos ni aunque tenga 96 años.

Cuando veo pasar un tren, cuando soplo las velas de mi cumpleaños, cuando una vaquita de San Antonio vuela de mi mano o cuando logro despoblar todos las minipalmeras del panadero. Pido.

Monedas en fuentes no tiro seguido pero cada vez que miro el cielo, pienso el deseo antes de ver una estrella fugaz, así no me agarra desprevenida.


Con el juego de las pestañas caídas soy bastante buena. Antes hacía trampa y me chupaba el dedo para que el pelito del ojo quede siempre en mi terreno. Hace no mucho me enseñaron un verso que dice: que se cumpla que se cumpla de todo corazón para mi para vos para ninguno de los dos. Ahora ya no hago trampa.

Los deseos no se revelan, dicen, hasta que se cumplen.

Ayer estábamos charlando con Augusto de nuestros sueños de chiquitos. 
Yo le confesé que siempre que pedía deseos alguno iba dedicado a "viajar por el mundo" y él dijo que en su versión era "conocer el mundo".

En tres días nos vamos un mes a Marruecos y este viaje que arrancó por Europa ya empieza a tener color a mundo. 
A salirse de los bordes. 
A no saber qué vendrá después. 



Foto en Kruje, pequeño pueblo albanés.


No entiendo nada de tenis y vi a Argentina campeón


    Foto: AFP

Yo de tenis no entiendo nada, pero por algunas casualidades pude estar en el lugar y en el momento justo para vivir uno de los logros más importantes para el deporte nacional.
Todo empezó hace unos días cuando en un pueblo de Montenegro un viajero argentino de 67 años nos dijo que estaban rematando las entradas para la Davis en una página europea. Teníamos pensado cerrar nuestra gira balcánica cerca de Zagreb y Augusto puso todo para que la balanza se incline hacia la ensaladera.

- No entiendo nada de tenis, andá vos solo- le dije sincera.
- No, vos tenés que venir porque es importante para mí y porque la vamos a ganar- retrucó él, sin imaginar que iba a tener razón.

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Gracias a internet y a Augusto que es periodista deportivo me fui interiorizando en esta Copa Davis (llamada así por el apellido de su creador); que tiene más de 100 años y que Argentina nunca había ganado. Es más, nuestro país fue el que más finales necesitó jugar para ganar por primera vez este “Mundial de Tenis”. Por destino del sorteo en 2016 tuvimos mala suerte y no jugamos ni una sola serie de local, aun así ganamos las cuatro. 
La final se disputaba en la capital de Croacia en donde la –mal llamada- Ensaladera de plata esperaría a su nuevo dueño. En realidad el trofeo fue construido basándose en una ponchera, pero el apodo de la ensalada hace años que se apoderó de la copa.

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En Zagreb había cuatro mil argentinos. 

Esa oración de seis palabras significa mucho más de lo que se cree: gente tomando mate por las calles, la palabra che flotando traviesa en los tranvías, banderas celestes y blancas colgando de los edificios y tonadas de cada región, solo identificables por nosotros. 


DÍA UNO
El estadio Arena Zagreb queda en las afueras de la capital, hay que tomar un tranvía, cruzar el Río Sava y después caminar unos 10 minutos.  En ese trayecto vimos unas nenas de 7 u 8 años jugando en el patio de su escuela y aunque no llevábamos banderas ni gorros nos empezaron a mirar y a gritar: ¡Hrvatska! ¡Hrvatska! Que es “Croacia” en croata. Nosotros le seguimos el juego con un ¡Argentina! ¡Argentina! Y eso las enloqueció. Después nos corrieron y gritaron más cosas que no somos capaces de traducir.

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El primer día el estadio no estaba lleno, probablemente porque era viernes a las 14 horas y muchos croatas aún estarían trabajando. Me llamó la atención lo grande y hermoso que era y también las luces. Como en un casino o un bingo todo estaba iluminado para que te olvides de la hora, del día, de todo lo que puedas. 15 mil personas entran en el Arena y de los 4 mil argentinos que había, la mitad volaron desde Sudamérica y la otra mitad desde distintos puntos de Europa.
En los pasillos había publicidades de los eventos próximos, Britney Spears, Justin Bieber y un tal Dino Merlin. También había puestos donde vendían medio litro de cerveza tirada y sanguches de jamón, queso y pepino; cada cosa a 20 kunas croatas (2,65 euros o 43 pesos argentinos). Me pareció barato para ser un estadio y para una final de un deporte tan elitista como el tenis. No fui la única que lo notó porque antes de que empiece el segundo punto de la serie (Del Potro – Karlovic) ya había algún que otro borracho.


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Después de dos partidos y más de nueve horas salimos del estadio como abombados. Había sido un curso intensivo de tenis para mí y sentía el cuerpo casi como si hubiera jugado. Caminando al lado nuestro iba un chico vestido de “Papa” que se sacaba fotos con todo el que le pedía y hasta bendecía camisetas con una seriedad digna de su papel. “Él probablemente está más cansado que yo” pensé.


DÍA 2
El sábado a la mañana una pareja de croatas se estaban sacando las fotos de su casamiento frente a la iglesia de San Marcos, la más importante de la ciudad. Unos cien argentinos que estaban visitando ese barrio los vieron llegar en un auto antiguo. Los rodearon, los aplaudieron y los siguieron hasta la iglesia al ritmo de “que se besen, que se besen”.  Uno, gritó: “no nos entienden” y se atrevió con un tímido “Kiss” y bastó ese valiente para que los otros lo siguieran al unísono hasta conseguir el preciado beso. Un pelado se animó a más y pidió selfie con los recién casados. 

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El free tour de la ciudad de Zagreb se hace todos los días a las 11 de la mañana en inglés, es gratis pero lo que corresponde es dejarle una propina al guía acorde a la valoración de su laburo. Ese sábado más de 60 argentinos hicimos juntos ese paseo caminado por los puntos icónicos de Zagreb. Ni bien llegamos me pareció conocer a uno de los chicos que caminaba cerca de nosotros. Sabía que lo tenía de algún lado y me acerqué y sin rodeos le dije:
- Hola te conozco pero no sé quién sos. ¿Sos de La Plata?
- Hola! Soy Franco. Soy rosarino pero tengo un amigo de La Plata: Xava.
A Franco lo conocimos hace dos meses en una fiesta cumbiera de argentinos en Cracovia a la que fuimos invitados por Xava. Y me acordaba especialmente de él porque con otros 4 argentinos hicieron mil kilómetros en un día desde Polonia hasta Alemania para llenar un baúl de fernet porque alguien les tiró el dato de que estaba a mitad de precio. 
Esta vez la hazaña había sido venir en auto 900 kilómetros de Cracovia a Zagreb.  
- ¿Y el fernet?- le pregunté 
- Obvio que lo trajimos para festejar- remató sonriendo.

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El partido de dobles duró poco y gustó menos. Me colgué mirando a un grupo de pibes que para alentar a Mayer habían entrado al estadio con cuatro yacarés gigantes de esos para nadar en la pileta.  ¿Qué entenderían los croatas de esos inflables verdes en el medio de la tribuna?¬
Por primera vez la fila interminable en el baño no estaba del lado de las mujeres sino en el de los hombres. Qué pequeño placer. Cuando entré vi que había cola, pero en el espejo. Neceser con maquillaje, cepillos, hebillas y perfume,  las mujeres de los dos bandos se producían como para salir a bailar. La ecuación era fácil: cuanto más le dedicaban a su look más chance tenían de salir en las pantallas gigantes del Arena Zagreb y quien te dice en la televisión de cada país.
La receta de los hombres era otra: muchos argentinos tenían la camiseta de su equipo de fútbol que resaltaba entre una marea celeste y blanca y los croatas optaban por unas manos de tela enormes pintadas con el escudo de su bandera.

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A la salida del estadio nos cruzamos con dos primas marplatenses de 76 y 78 años. Las habíamos conocido unos días atrás tomando una cerveza y nos habían contado de su pasión por el tenis. 
- Está difícil Marta, mañana es a todo o nada- le dijo Augusto a la más joven 
- Querido – respondió ella y encendió un cigarrillo – nadie confía en este equipo, pero yo sé que este año la ensaladera es nuestra. 
Marta soltó esa frase como una profecía mientras el humo de su primera pitada se confundía con la niebla de la noche que no llegaba a marcar ni un solo grado centígrado.

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La gente volvió desganada en el tranvía. Y como no podía ser de otra manera hicieron uso de uno de los ¿dones? del ser argentino: opinología. “Lo que pasa es que estaban cansados”; “el problema es que hace años que no tenemos un buen doblista”; “vos viste como se cruzaba ese enano Dodig en la red, era un demonio” y demases comentarios encendidos que se iban apagando en la fría noche europea.

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- Yo me voy a pedir esto porque es lo más parecido a un asado- Dijo Karim, un porteño de 21 años que está estudiando en Varsovia y se tomó 3 colectivos y cruzó 4 fronteras para llegar a Croacia.
Lo que pretendía comer es el típico Cevapi, una mezcla de carne picada con forma de choricito que viene con pan y cebolla y es muy popular en los Balcanes. Como nuestros horarios y los croatas no son compatibles la cocina estaba cerrada y nos conformamos con una pizza. 
En la cena me transformé en Susana arbitrando un improvisado  “Imbatible” mientras Augusto y Karim jugaban a adivinar los diez saques más rápidos de la historia del tenis. Ninguno acertó el número uno: el desconocido Samuel Groth que en el 2012, en Corea del Sur sacó a 263 km/h. Una bestia.


DÍA 3
Yo de tenis no entiendo nada. Por suerte mis viejos me enseñaron varias cosas de la vida que pude aplicar en los 992 minutos netos de tenis profesional que me tocó presenciar.
1. Tratá a la gente como querés que te traten. Esto lo traduje en: no abuchear el primer saque del otro si lo erra, porque si lo hacés ellos harán lo mismo cuando erre el nuestro.
2. No seas ansiosa y esperá a ver cómo se desarrollan las cosas. Esto sería tenísticamente hablando: no grités out porque confunde y no suma.
3. No está muerto quien pelea. No hace falta que hable del partido de Del Potro- Cilic porque todos sabrían donde encaja la enseñanza.

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Los hinchas croatas y los argentinos estábamos mezclados y no fue para nada un problema. Cada uno hinchaba por su país sin putear al otro. Se sentía un clima de profundo respeto y eso nunca lo había visto, menos en una final.
Algunos argentinos estaban enojados porque entre game y game un animador y una banda salían a cantar canciones para alentar a Croacia. Decían que la Federación Internacional de Tenis no lo tendría que haber permitido y que eso no ocurrió nunca en las finales de Davis. Otros acudían al folclore futbolero y gritaban: “Apagá los parlantes croata”.


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- Del Potro es un estratega- Me dice Hugo, un señor de unos 80 años que fue a las cuatro finales anteriores que Argentina no ganó.
- ¿Por qué?- pregunto y le miro los ojos llenos de cataratas.
- Mirá lo que acaba de hacer, le preguntó a la nena alcanza pelotas si estaba bien y la acompañó afuera de la cancha. Todos lo aplaudimos y él tomó aire y encima quedó como un campeón- dice y mueve las manos haciendo el gesto de rezar.

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El partido de Del Potro fue un parto: 5 horas donde cada punto se festejaba o se lamentaba con el cuerpo. Me detuve en la gente, en las caras y los pelos, el tenis los estaba pasando por arriba. No había forma de que se quedaran quietos, los más osados salimos al baño y lamentamos no poder volver a entrar hasta el próximo cambio de lado.
En la Davis todos los partidos se juegan al mejor de 5 set y Del Potro iba 2 a 0 abajo y arrancó flojo el tercero que tenía que ganar sí o sí. Sin embargo, de a poco se empezó a encender una llamita de esperanza en la gente que se convencía con esta canción: “Ponga huevo la Argentina, ponga huevo y corazón; que esta hinchada se merece, se merece ser campeón”.
 El tandilense empezó a concretar su epopeya y a mí no me quedaban uñas para comerme. La gente estaba desorbitada y Del Potro demostró que siempre hay una primera vez para dar vuelta un partido de 5 sets.

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Lo de Delbonis fue un trámite. Aunque, la verdad, los argentinos sabemos que la palabra trámite para describir algo sencillo y sin problemas no debería ser parte de nuestro lenguaje coloquial. El azuleño salió a comerse crudo a Karlovic, una mole que con  2,11 metros saca a más de 220 km/h. Algunos croatas se empezaron a levantar y a ir del estadio. La mayoría se quedaron y se la bancaron como duques. Abajo nuestro un tipo con la cara pintada cuadrillé rojo y blanco se paró y le dio la mano felicitándolo con fuerza al argentino que tenía al lado.

Maradona, exactamente enfrente nuestro, saltaba sacado revoleando una remera blanca y varios pensamos que se iba a caer. Pero Diego era un reflejo de lo que pasaba en nuestra tribuna: alrededor nuestro ya no había un solo argentino sentado en la butaca.
La fiesta ya estaba declarada. El dale campeón se soltó de los brazos y de los abrazos. Hubo llanto, videos, corridas hacia abajo a ver lo más de cerca posible a los héroes.

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El capitán Daniel Orsanic recibió la copa y dedicó el triunfo a todos los que integraron el equipo de Davis y también a todos los tenistas que juegan en Argentina. Además aseguró que la copa no era solamente un premio para el tenis sino para todo el deporte argentino.

Pienso en la cantidad de chicos y chicas que sufrieron con los partidos y que nunca tocaron una raqueta de tenis. 

Ojalá que el exitismo -del que a veces renegamos como argentinos- sirva para bancar más proyectos que se sostengan en el tiempo y acerquen el tenis a los barrios. 
Que no quede solo en la dedicatoria de Orsanic ese “triunfo del deporte nacional”; que trascienda el tenis para dar aliento a nuevas formas de organizar, enseñar, pensar, financiar y hacer deporte en Argentina.

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¿Por qué si no entiendo nada de tenis me emocioné como si lo hubiese jugado toda la vida? ¿Qué neurona o fibra controla la pasión o la emoción? 
Ese “dale campeón” era más bien una moraleja de cuento: el patito feo convirtiéndose en un hermoso cisne negro; un equipo sin ningún top 10, jugando de visitante y sin ser favorito que gana la copa del mundo del tenis. 

No entiendo nada de tenis, pero me encanta cuando ganan los feos. Me conmueve.

Con el himno alentado lloré. No por el himno en sí, sino porque después de ocho meses lejos de Argentina esos gritos desparejos con forma de letra O significaron mi casa, mis viejos y mis amigos. 
Y que sean eternos los laureles.


María Pagola.

(Todas las fotos salvo la de portada fueron tomadas por Randevuses.)

Cinco datos que no sabías de Macedonia

Macedonia es un país extraño, como si aún estuviera definiendo su personalidad. Se independizó en 1991 y actualmente tiene 2 millones de habitantes.

Esta tierra sin salida al mar y parte de la Ex Yugoslavia tiene varias polémicas y nos dejó intrigados. Les compartimos 5 cosas que nos enteramos y nos gustaría que sepan de este país.



1. El nombre oficial del país es: ANTIGUA REPÚBLICA YUGOSLAVA DE MACEDONIA. ¿Por qué? Porque Grecia su país vecino tiene una región (provincia) que también se llama Macedonia y lo consideraban un nombre helénico. En 1993 mediante un acuerdo se designó que formalmente el nombre de República de Macedonia serían las siglas FYROM en inglés o ARYM en español.












2. En las calles, los negocios y sobre todo en las terminales de bus se escucha música latina. Varias veces nos encontramos con Maná o algún reggetón pero lo que más nos sorprendió fue la insistencia de los macedonios con Marcelo Morelo, cantante argentina. 

3. La capital del país está inmersa en un lío bastante grande con respecto al proyecto "Skopje 2014". Este plan presentado en el año 2010 pretende glorificar la ciudad y el espíritu macedonio, con monumentos y estatuas. Según cifras oficiales se gastaron hasta el momento 200 millones de euros, pero las ONG y la gente en la calle aseguran que son más de 600. Los macedonios en desacuerdo con esta ambiciosa y opulenta iniciativa le tiran bombas de pintura a los edificios. Lo cierto es que aunque "Skopje 2014" produce enojos y contradicciones, generó un mito y mucha gente de la región viaja hasta la capital de Macedonia a ver cómo es el "mamarracho" o " la increíble modificación".



















4. La bandera macedonia también tiene su polémica. En el 1991 cuando cae el comunismo y se divide Yugoslavia eligen como símbolo patrio una bandera roja con un sol de 16 rayos. Una vez más el grito en el cielo lo pusieron los griegos ya que esta bandera pertenece a la región griega del mismo nombre. Por eso en el 1995 adoptaron la que hoy en día flamea en el país con un sol de 8 rayos. Según algunos macedonios el sol en su paño nacional es porque tienen más de 200 días con febo al año.


5. Dos de los macedonios más reconocidos del mundo están envueltos en disputas hasta hoy en día. La Madre Teresa de Calcuta, nacida en Skopje en 1910 está presente en muchas de las calles de la capital con memoriales, placas y monumentos. Si bien los macedonios no ponen en tela de juicio el origen de la -ahora- Santa Teresa hay otro país vecino que se adjudica la nacionalidad de Agnes Gonxha Bojaxhiu ( su nombre real) por pertenecer a la etnia de esa nación. ¿Saben cual es ese otro país? Sigan leyendo Randevuses que en el próximo post les contamos.




El segundo caso involucra al famoso Alejandro Magno. Y un vez más volvemos a la polémica con los griegos. El famoso guerrero nació en el 356 AC en la Macedonia antigua que nada tiene que ver con la república actual. Esa región era una de las tantas polis griegas, como Atenas, Esparta o Tebas. Por eso los griegos reniegan de la estatua y la apropiación de los macedonios de Alejandro y lo justifican diciendo que su ciudad de nacimiento Pela, actualmente queda en Grecia.

























Todas las fotos fueron sacadas por Randevuses en Octubre de 2016.

Praga alternativa: la ruta de David Černý


La capital de la República Checa es un destino que creció muchísimo turísticamente en los últimos años. En el 2002 hubo una gran inundación que colapsó la ciudad y que casi derrumba el reconocidisimo Puente de Carlos. Los checos supieron levantarse y con una fuerte inversión embellecieron la ciudad y la pusieron en el top de lugares visitados en Europa con más de 9 millones de turistas al año.

Nosotros estuvimos una semana en esta fantástica ciudad, recorriendo los puentes, el Castillo de Praga y algunos parques que merecen muchísimo la pena. Sí es hermoso. Sobre todo porque Praga fue una de las pocas ciudades que no sufrió daños serios durante la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, después de varios días sentimos que le debíamos dar una vuelta de tuerca a esta ciudad de cuento de hadas y por suerte apareció David Černý. Él es un escultor checo que saltó a la fama en 1991 tras pintar de rosa un tanque ruso para mostrar su descontento con el comunismo.

Ese tanque estuvo muchos años exhibido en el centro de Praga pero actualmente el primer ministro es más amigo de los soviéticos y pidió retirarlo.

Las demás obras de David Černý se desparraman por la capital sin respetar "casco histórico" o los mapas para turistas que solo muestran una parte. Por eso decidimos crear una "Ruta Alternativa" que nos mostrara otra Praga y que nos dijera algo más de los checos, de su ironía y de su cultura. 

La estatua más reconocida por su ubicación en la calle céntrica Husova 243 es "Viselec" o "El Colgado". Un hombre cuelga de un edificio con una mano mientras tiene la otra en su bolsillo. 

Supuestamente representa la dualidad de los días que corren entre rendirse o no.

































Lo más impactante es que este hombre es Sigmund Freud.

La segunda que visitamos fue "Embryo". Puede pasar desapercibido si no se sabe que en el lateral del Teatro na Zabrali. Anenské náměstí 5, hay una obra de arte.


Este feto estancado en una canaleta, puede hablar del arte, de la vida o del agua. Cada uno elige su interpretación ¿no?.
La siguiente escultura fue bastante difícil de encontrar, porque se haya dentro de la Galería Lucerna, en la calle Vodičkova. Representa al patrón religioso del país San Wenceslao pero sentado sobre su caballo muerto. Este gran héroe checo se encuentra en su estatua ecuestre original o "normal" afuera de esta hermosa Galería en la plaza de Wenceslao.


David Černý demuestra que puede ser muy provocador.

Seguimos el paseo cruzando el Rio Moldava hasta el Museo de Frank Kafka en la calle Cihelná 635 . El escritor vivió en 12 casas distintas en Praga y en este museo se recopilaron cartas, fotografías y anécdotas de su vida. En la entrada se encuentran las estatuas de dos hombres haciendo pis.

Están parados sobre el contorno que equivale al de la República Checa y por un sistema eléctrico se mueven mientras hacen pis. Algunos dicen que ese movimiento es porque escriben frases con el chorro de agua.

Si el día acompaña caminar al lado del río Moldava es un gran plan para disfrutar de Praga. El parque Kampa está muy cerca del centro y forma parte del circuito de Černý porque allí están "Los Bebés".  Estos tres bebés gigantes con la cara deformada por algo que parece un código de barra se mezclan entre los árboles. Muchos que pasan los tocan y por eso su color cambia en algunas partes del cuerpo. Praga está plagada de la leyenda " Si lo tocás volvés", por eso sus esculturas aparecen doradas allí donde pasó la mano turística.




 No diría que son "tiernos", pero si gigantescos.
David Černý también homenajeó con su obra al probablemente praguense más conocido y prestigioso: Franz Kafka. Es una de las últimas obras del artista y la más compleja en su funcionamiento:  la cabeza tiene 42 "pisos" y todos se pueden mover individualmente. ¿Dónde encontrarla? En Národní třída, a la salida del Centro Comercial y entrada al Metro.

Para hacerla se utilizaron  24 toneladas de hojalata inoxidable y lo más curioso es que nunca deja de moverse, formando y deformando la imagen del escritor.
Dejamos lo mejor para el final, nuestra obra preferida y la más difícil de encontrar de todas. En la Futura Art Gallery. Holeckova 49, se encuentran estos dos "culos". El espectador tiene que subir por una escalera y asomarse a ver qué es lo que pasa adentro.


En el primer culo hay un videoclip de un hombre dándole de comer al otro con la canción de Queen "We are the Champions".

 Lo que hay en el otro lo dejamos para que lo descubran, así les queda algo de misterio también.




Ojalá que puedan hacer esta ruta que te permite ver de otra manera la ciudad y completamente gratis. Todas las fotos fueron sacadas por nosotros.